El turismo regenerativo en España y México: cómo viajar puede contribuir a la restauración ambiental y cultural

El turismo regenerativo en España y México: cómo viajar puede contribuir a la restauración ambiental y cultural

¿Qué es el turismo regenerativo y por qué importa?

El turismo regenerativo va un paso más allá del turismo sostenible. Mientras que la sostenibilidad se centra en reducir el impacto negativo, la visión regenerativa propone que cada viaje deje un lugar mejor de lo que estaba antes: ambiental, social y culturalmente. No se trata solo de “no dañar”, sino de restaurar ecosistemas, revitalizar tradiciones y fortalecer comunidades locales.

España y México, dos destinos de referencia mundial, viven una reflexión profunda sobre cómo pasar del turismo masivo a modelos más responsables. Desde pequeños proyectos rurales hasta iniciativas urbanas de gran escala, en ambos países están surgiendo ejemplos tangibles de que viajar puede convertirse en un acto de cuidado y de reparación.

Principios clave del turismo regenerativo

Aunque cada territorio los adapta a su realidad, ciertos principios se repiten en la mayoría de proyectos regenerativos:

  • La comunidad local es protagonista y toma decisiones sobre el tipo de turismo que desea.
  • Los beneficios económicos se quedan en el territorio, diversificando la economía y evitando la dependencia exclusiva del turismo.
  • Las actividades turísticas contribuyen a restaurar ecosistemas: reforestación, recuperación de suelos, protección de fauna y flora, gestión responsable del agua.
  • Se preserva y actualiza el patrimonio cultural, dando valor al saber local, los oficios tradicionales y las lenguas originarias.
  • Se busca limitar la masificación y promover experiencias de menor escala, más inmersivas y respetuosas.

España: del turismo de sol y playa a los paisajes que se regeneran

En España, el peso del turismo de sol y playa es innegable, pero cada vez más viajeros buscan experiencias que conecten con el territorio de forma profunda. Regiones como Andalucía, Galicia, Baleares o Canarias están experimentando con modelos que integran conservación ambiental y desarrollo local.

Andalucía rural: de la despoblación a la revitalización

En el interior de Andalucía, lejos de las costas saturadas, surgen iniciativas que combinan agroecología, turismo rural y recuperación de pueblos en riesgo de despoblación. En la Sierra de Grazalema, la Serranía de Ronda o la Alpujarra granadina, pequeños alojamientos y cooperativas locales replantean la relación entre visitantes y paisaje.

Algunos proyectos incluyen:

  • Alojamientos en casas restauradas con materiales tradicionales, respetando la arquitectura vernácula.
  • Rutas guiadas por habitantes locales que interpretan la flora, la fauna y la historia del territorio.
  • Talleres de oficios (cerámica, cestería, cocina andaluza de temporada) que generan ingresos complementarios para las familias.
  • Participación de los viajeros en huertos ecológicos y proyectos de reforestación de especies autóctonas.

El impacto no es únicamente económico. La presencia de viajeros interesados en el territorio anima a jóvenes a quedarse o regresar a sus pueblos, favorece el mantenimiento de escuelas y comercios, y genera un orgullo renovado por las tradiciones locales.

Islas Baleares: la presión turística y las respuestas regenerativas

Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera simbolizan tanto el éxito como las tensiones del turismo de masas. El aumento de visitantes ha presionado recursos básicos como el agua y ha encarecido la vivienda. Sin embargo, junto a este escenario, se han consolidado proyectos que buscan otro camino.

En el interior de Mallorca, por ejemplo, fincas históricas se han reconvertido en agroturismos que:

  • Producen alimentos ecológicos para consumo propio y para la comunidad.
  • Restauran bancales de piedra seca y olivares tradicionales, frenando la erosión.
  • Ofrecen experiencias agrícolas a los visitantes, no como espectáculo, sino como parte de la vida cotidiana.
  • Gestionan el agua de forma cuidadosa, con sistemas de recogida de lluvia y riego eficiente.

Menorca, por su parte, refuerza su modelo como Reserva de la Biosfera, con límites a la construcción y una apuesta por senderos bien regulados, observación responsable de aves y educación ambiental. El resultado es una experiencia turística más tranquila, conectada con los ritmos de la naturaleza.

País Vasco y Cantabria: turismo costero con mirada ecológica

En la costa norte, el atractivo de pueblos marineros como Hondarribia, Getaria, Laredo o Comillas se combina con programas de turismo regenerativo que incluyen:

  • Rutas interpretativas sobre la pesca artesanal y el impacto de la sobreexplotación marina.
  • Participación en jornadas de limpieza de playas y fondos marinos con asociaciones locales.
  • Visitas a cooperativas pesqueras que apuestan por cupos controlados y prácticas responsables.

El objetivo es que el visitante comprenda la fragilidad de estos ecosistemas y se implique, aunque sea de manera puntual, en su cuidado. A cambio, descubre una gastronomía ligada al mar y una relación íntima entre memoria, tradición y paisaje.

México: territorios vivos, culturas originarias y retos del turismo

México combina una diversidad biocultural extraordinaria con una fuerte presión turística en destinos icónicos como la Riviera Maya, Ciudad de México o Los Cabos. Frente a los modelos intensivos, comunidades indígenas, colectivos urbanos y pequeñas empresas apuestan por experiencias donde la regeneración es el eje.

Pueblos originarios y turismo comunitario

En estados como Oaxaca, Chiapas, Yucatán o la Sierra Norte de Puebla, el turismo comunitario se ha convertido en una herramienta de defensa del territorio. No se trata solo de ofrecer cabañas o rutas de senderismo, sino de fortalecer la autonomía y la cultura de las comunidades.

En la Sierra Norte de Oaxaca, por ejemplo, varias comunidades zapotecas gestionan de manera colectiva:

  • Redes de senderos interpretativos por bosques de niebla, con guías formados localmente.
  • Cabañas de madera construidas con criterios bioclimáticos y gestionadas por cooperativas.
  • Programas de reforestación y conservación de manantiales, financiados en parte con los ingresos turísticos.
  • Experiencias culturales como talleres de herbolaria tradicional, cocina o tejido artesanal.

El visitante no solo disfruta de paisajes espectaculares, sino que tiene la oportunidad de comprender las luchas territoriales y los esfuerzos por mantener vivas las lenguas y las formas de organización comunitaria.

Riviera Maya y el desafío de regenerar destinos saturados

La Riviera Maya es uno de los ejemplos más claros de las tensiones entre auge turístico, impacto ambiental y demandas sociales. La construcción intensiva, el uso desmedido de agua dulce y la presión sobre cenotes y manglares están dejando huella. Sin embargo, en la región también se abren espacios para propuestas regenerativas.

Algunos proyectos locales promueven:

  • Exploraciones en cenotes con grupos reducidos, priorizando la educación ambiental y el respeto a los sitios sagrados mayas.
  • Hoteles y alojamientos que tratan aguas residuales, reducen plásticos de un solo uso y apoyan programas de recuperación de manglares.
  • Cooperativas de guías mayas que ofrecen interpretaciones del territorio desde su cosmovisión, recuperando narrativas invisibilizadas.
  • Actividades de ciencia ciudadana para monitorear la salud de arrecifes y fauna marina.

El reto aquí es mayúsculo: reorientar un modelo que ha crecido muy rápido. No todos los proyectos cumplen lo que prometen, y el viajero informado tiene un papel esencial al elegir con criterio, preguntar por las prácticas concretas y evitar experiencias que dañen ecosistemas frágiles.

Ciudades que se regeneran: CDMX, Barcelona, Bilbao

El turismo regenerativo no es exclusivo del ámbito rural. Grandes ciudades en España y México experimentan con formas de recibir visitantes sin perder habitabilidad ni identidad.

En Ciudad de México, barrios como Coyoacán, Xochimilco o el Centro Histórico enfrentan la masificación y el auge de alojamientos turísticos. A la vez, emergen iniciativas que:

  • Fomentan recorridos a pie o en bicicleta, reduciendo la huella de carbono.
  • Visibilizan proyectos de economía solidaria, mercados tradicionales y espacios culturales independientes.
  • Promueven el turismo chinampero en Xochimilco, que vincula la visita con la compra directa de productos agrícolas y la conservación de los canales.

En España, Barcelona ha sido un caso paradigmático por el impacto del turismo sobre la vivienda y el espacio público. Ante ello, la ciudad impulsa límites al alojamiento turístico y apoya proyectos de barrio que:

  • Defienden el comercio local frente a la homogenización.
  • Organizan rutas que explican la historia urbana desde la memoria vecinal.
  • Proponen experiencias culturales de pequeño formato, alejadas del consumo rápido.

Bilbao, por su parte, ha pasado de ciudad industrial a destino cultural con el efecto Guggenheim como símbolo. Hoy intenta equilibrar atracción turística y calidad de vida, con apuestas por la movilidad sostenible, el uso cultural de antiguas zonas industriales y la recuperación de riberas del río Nervión.

Cómo puede el viajero convertirse en agente regenerativo

La transformación no recae solo en gobiernos y empresas. Cada persona que viaja puede sumar, si asume un papel activo y crítico. Algunas pautas para orientar las decisiones:

  • Elegir alojamientos y operadores locales que expliquen con claridad sus prácticas ambientales y sociales.
  • Priorizar destinos y experiencias que trabajen con comunidades, no sobre ellas.
  • Viajar fuera de temporada alta para reducir la presión sobre los territorios.
  • Participar en actividades de restauración ambiental, siempre que estén coordinadas por organizaciones serias.
  • Consumir productos y servicios locales, evitando cadenas globales cuando sea posible.
  • Informarse sobre la historia, los conflictos y las luchas del lugar antes y durante el viaje.
  • Respetar normas y ritmos comunitarios: el silencio, la vestimenta, los usos del espacio público.

España y México como laboratorios de futuro

España y México ofrecen paisajes muy distintos, pero comparten la urgencia de reconciliar turismo, justicia social y equilibrio ecológico. Sus montañas, costas, selvas y ciudades muestran tanto los límites de un modelo extractivista como la creatividad de quienes imaginan otra forma de viajar.

El turismo regenerativo no es una etiqueta de moda, sino un proceso en construcción, lleno de matices y contradicciones. Al recorrer un viñedo recuperado en La Rioja, un bosque comunitario en Oaxaca, un caserío vasco o una chinampa en Xochimilco, el visitante puede percibir que el viaje deja de ser una simple escapada y se convierte en un acto de corresponsabilidad.

Para quienes aman España y México, la invitación es clara: elegir rutas, proyectos y experiencias que no solo nos conmuevan, sino que también devuelvan algo valioso a los territorios que nos reciben.

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